Archivo para la categoria ‘Articulos’

15
nov

Primer Festival Cultural de Compostela 2011

Publicado por Octavio

Próximamente estaremos cubriendo los eventos del primer festival cultural compostela 2011 , por este medio, con información de primera mano de parte de la coordinación de arte y cultura de este municipio de Compostela, estén muy atentos que también contestaremos a sus preguntas.

18
sep

Sabes que hace tu hijo?

Publicado por admin

A sus 43 años era un hombre de güevos. Nadie lo había visto llorar. Sufría, pero no lloraba. Ni cuando lo abandonó la primera novia, allá en la infancia. Ni cuando murieron sus padres.

Ese día fue distinto. Lloró como niño. Golpeó con los puños, hasta sangrar, la pared de la funeraria cuando le entregaron en su féretro de sicario a su hijo, a dos meses 14 días de cumplir sus 18 años de edad. Sólo pudo ver sus ojos cerrados, porque una cachucha azul marino cubría su cara, o más bien lo que quedó de su cara por dos balas expansivas que entraron por la cabeza y salieron por la boca. Vio esos ojos que un día tuvieron cara, y se tiró a llorar.

Su hijo se llamó, o se llama, no sé cómo es correcto decir, Plutarco. Como él, como su abuelo.

Plutarco terminó con buenas notas la primaria. De la secundaria sólo terminó primero y ya no regresó en segundo. A los 16 embarazó a una muchacha de su edad y se la llevó a vivir a la casa de los Plutarcos, como la conocían en la colonia Gobernadores. Su hijo se llamó también Plutarco.

Desde que se llevó a su mujer a casa de los Plutarcos tuvo que trabajar: En un expendio de cerveza, en un Oxxo, lavando carros, de peón a veces. En promedio recibía 580 pesos a la semana. Algunas veces llegó a ganar un poquito más. Para mal comer. Ni para los méndigos pañales alcanzaba. Menos para las caguamas.

Plutarco no tenía muchas maneras de mejorar su economía. Se la hacía imposible volver a la escuela. O trabajaba o estudiaba. Tenía que trabajar. Me van a disculpar la ironía, pero no tuvo parientes políticos para que lo basificaran en el Gobierno del Estado. Tampoco podía aspirar a una notaría o permiso de taxi de fin de sexenio, como otros.

El sábado después de la chamba un primo le invitó una buena borrachera. Comieron mariscos en un botadero del Libramiento. Lo invitó a trabajar. Dos mil pesos a la semana. Carro. Celular. Pistola. Trabajo fácil. Nada de violencia. Ir, ver, avisar. Ése era el trabajo. (más…)